6 Asalto
Inspeccioné
mi muñeca derecha, tan entumecida por el frío como la izquierda. El contacto
físico con mi asesino había sido aún más congelante de lo esperado.
Aún
teniendo el panteón ante mis ojos, con el puente levadizo a pocos metros, como
había estado deseando tenerlo durante toda la noche, dudaba estar preparado
para una batalla más aquel estúpido y gris día. Quizá antes de que su rostro se
cerniera sobre el mío, idéntico, exacto, cual escultura tallada a mi imagen y
semejanza, una estatua endemoniada de aliento dulce y gélido al tiempo, quizá
sin ella de por medio, hubiera tenido la entereza suficiente para salir de
entre la maleza y correr en busca de mi destino final. Pero, después de todo lo
ocurrido, prefería volver a casa de los Rhysttas y cobijarme entre las sábanas,
en busca de una explicación lógica a por qué, de repente, tenía que compartir
mi identidad con una criatura que se alimentaba de sangre.
-¿Y
bien?-Alfa me miró entre las sombras, buscando, al parecer, una indicación.
-La
última vez que entramos en el panteón fue hace mucho tiempo, mientras
buscábamos a mi hermano Nícola, pero lo hicimos con la traslación de Mina.-Le
expliqué, pensativo.-Esta vez me temo que no será posible.
Me
miró con curiosidad, esperando una explicación.
-Sin
Mina, necesito un espejo o una superficie reflectante por la que entrar y otra
por la que salir.
Annette
asintió con entusiasmo.
-¡Hicimos
eso con el espejo de mi habitación!-Hizo memoria.
-Y con
las aguas del lago Lerkal.-Apuntó Kelryn.
Guardamos
silencio durante algo más de dos minutos.
-Creo
que ya está. Sé cómo entrar.-Me rasqué la barbilla, pensativo.-Aunque apenas
comprendo nada ¿Sabéis? Así que tampoco estoy muy seguro de que sea el plan
acertado. No obstante, es todo lo que tengo. Eso o nada...No voy a quedarme de
brazos cruzados después de haber llegado tan lejos.
Alfa
frunció el ceño.
-¿A
qué te refieres?
Fruncí
los labios y el entrecejo, confuso.
-He
venido hasta aquí en busca de Erianel y ni siquiera comprendo cómo consiguieron
atraparle ni con qué motivo.
La
chica torció los labios.
-Oye.
A mí me ha enviado la suma sacerdotisa, y no me ha dado muchos detalles, así
que no hagas preguntas complicadas, ¿quieres?
-Así
que es cierto.-Sonreí con amargura. Era tal y como había sospechado-¿Te manda
Jules para ayudarme?
Asintió
despacio, mientras pensaba la respuesta.
-Puede
decirse así. Aunque más bien...-Guardó silencio de repente.
-¿Qué?
-No hay tiempo de explicártelo. Tenemos prisa.
Estuve conforme. Por un lado agradecía a Jules el haberme enviado ayuda, pero, por otro, sentía que, si la sacerdotisa había decidido que necesitaba refuerzos, era porque la cosa no iba a ser fácil. Eso hacía que me sintiera algo más pesimista.
-¿Qué?
-No hay tiempo de explicártelo. Tenemos prisa.
Estuve conforme. Por un lado agradecía a Jules el haberme enviado ayuda, pero, por otro, sentía que, si la sacerdotisa había decidido que necesitaba refuerzos, era porque la cosa no iba a ser fácil. Eso hacía que me sintiera algo más pesimista.
-Entonces
hagámoslo.
Erianel
caminaba junto a Fio a paso relajado, por los oscuros pasillos del Castillo. Su
presencia le era grata y a la vez desagradable. Por un lado era una cara
conocida. Por otro, sentía que algo había cambiado en ella, algo más allá de su
piel.
-¿Dónde
me llevas, Fio?-La interrogó.
La
interpelada no respondió y Erianel la miró de soslayo, evaluando su expresión
impasible.
-Disculpa.-Insistió,
tras aclarar la voz con un suave carraspeo.
Fio no
le miró en ningún momento, pero habló con su voz fría y seca.
-Eclipse
ha pedido que te lleven con él. Está esperándote en su aposento.
La
imagen del vampiro acudió a la mente del semielfo, que se llenó de inmediato
interés.
-Eclipse...-Susurró.-Él
me trajo aquí, ¿verdad?
Fio no
contestó a la pregunta, pero Erianel interpretó su silencio como una
confirmación. Estaba confuso. Creía que le habían llevado allí como rehén, con
la intención de atraer a Eerie al castillo. No obstante, no le pasaba por alto
que sólo Fio había hecho mención de su amigo. Nadie más le había interrogado al
respecto. Aquello le hacía dudar de la verdadera naturaleza de su encarcelamiento.
Demasiadas preguntas.
Demasiadas preguntas.
La
chica se detuvo ante la puerta de la que, supuso Erianel, sería la habitación
de Eclipse. Se encontraba al final de un largo corredor, iluminado sólo por un
par de antorchas.
-Es
aquí. No le hagas esperar.-Luego se giró con su característica brusquedad,
dejando atrás al muchacho.
Erianel
la contempló alejarse y profirió un suspiro al verla desaparecer escaleras
arriba.
-¿Qué
te han hecho?-Preguntó para sí, entristecido.
No
había tiempo para eso ahora, lo importante era buscar respuestas. Estaba seguro
que tras la puerta las hallaría. Se giró, decidido, y exhaló tanto aire como
pudo, tratando de relajarse y mantenerse sereno, pues sabía que, al abrir la
puerta, divisaría el rostro de Eerie, aunque no fuera él realmente.
Rodeó
el pomo con los dedos y, nervioso, lo giró. La puerta se abrió de forma
silenciosa, permitiendo al semielfo entrar en la habitación, lúgubre y oscura.
Cerró tras de sí con cuidado, conteniendo la inquietud, sin ver más allá de sus
narices. La luz del astro lunar, que penetraba a través de las cristaleras del
fondo, era insuficiente para revelarle la estancia al completo, iluminando sólo
al fondo.
-¿Hola?-Alzó
su voz entre las tinieblas, esperando respuesta.
Un
relámpago rompió el silencio, sobresaltándole y abriéndose paso entre la
oscuridad. Mostró, por una décima de segundo, el rostro de un muchacho de
cabellos rubios, apoyado contra un armario de madera de roble. Su figura era
menuda y frágil, como la de Eerie. De hecho, eran idénticos.
-¿Eclipse?
¿Eres tú?
-Sí.-Confirmó,
con frialdad.-Acércate.
Avanzó
un paso más hacia el punto dónde había divisado la figura. Tenía muchas
preguntas que hacer, pero las haría poco a poco. No quería que aquella
conversación finalizara sin haber aclarado, al menos, una parte de sus dudas.
Se movió con cautela, como si tuviese miedo de hacer un movimiento brusco que
alterase a Eclipse.
-¿Por
qué nunca me dijiste tu nombre? Yo te di el mío en cuanto tuve ocasión.
-Los
siervos no tienen por qué conocer el nombre de su señor, sólo servirlo.
Erianel
frunció el ceño, confuso. Aquella respuesta había sido completamente inesperada
y no supo como interpretarla.
-¿Pretendes
convertirme en tu esclavo o algo así? ¿Para eso me has traído aquí?
Oyó la
risa irónica de su interlocutor entre las sombras y un escalofrío le recorrió
el espinazo. Su risa era igual a la de Eerie.
-¿Creías
que beber la sangre de un vampiro es un mero rito de cortesía?
El
rostro de Erianel se contrajo, confuso
¿Beber sangre? ¿Cómo? ¡Él no había bebido más que agua!
¿Beber sangre? ¿Cómo? ¡Él no había bebido más que agua!
-No
comprendo...-Avanzó un paso más, a ciegas.- ¿Sangre...? ¡Yo no he bebido sangre
de nadie!
Su
interlocutor, entre las sombras, emitió un suspiro que parecía de alivio.
Aquello desconcertó aún más a Erianel, cuyo nerviosismo aumentaba por segundos.
-¡Menos
mal!-Le oyó mascullar, un segundo más tarde. Su voz ya no sonaba como antes,
ahora era mucho más cercana, más amistosa.
Realmente
se parecía mucho a Eerie, de hecho, de no estar advertido por la experiencia,
volvería a confundirlo de nuevo al oírle hablar con ese tono tan propio de él.
-Disculpa
pero...-Frunció el ceño.-No comprendo nada.
Pronto,
sintió un par de brazos a su alrededor, sujetándose a él con fuerza...Y
calidez. Aquel no era Eclipse. Eclipse era frío como un cono de hielo.
-Tú no
eres él...-Susurró.-Él era...
-Sí,
ya lo he experimentado en carne propia.
Sintió
como hundía la cara contra su pecho.
-Si no eres él. Entonces...
-Si no eres él. Entonces...
Se le
hizo un nudo en la garganta. Lo apartó con delicadeza, para examinarlo con
mayor facilidad.
-¿Eerie?-Me
llamó, confuso.- ¿Eres tú?
-Creí
que nunca volvería a verte.-Le respondí con un gimoteo.
Me
abrazó con fuerza, perdiendo de nuevo mi rostro entre sus brazos. El corazón
iba a escapárseme de la emoción.
-¿Cómo
has...?-Trató de interrogarme. Casi podía ver en mi mente la sonrisa en sus
labios.
-No
hay mucho tiempo, Erian.-Le interrumpí, tratando de recuperar la compostura.-El
verdadero Eclipse volverá en cuanto consiga reponerse, y para cuando lo haga
debemos estar lejos de aquí.
Le vi
asentir, gracias a la luz de un nuevo relámpago. Quedé fascinado por el hecho
de poder sentirle con el tacto. Realmente, era la primera vez que sentía el
calor de un abrazo suyo. Decidí que me gustaba.
-¿Cómo
has llegado aquí? ¿Y dónde está el verdadero Eclipse. No comprendo nada.-Frunció
el ceño, confuso.
-Yo
tampoco comprendo muchas cosas, Erian. Pero ya tendremos tiempo de pararnos a
atar cabos. Ahora debemos irnos de aquí.
-Confío
en ti.-Susurró.-Sólo una cosa más.
-Pero
rápido.-Le insté.
Y percibí aquel tono torturado que utilizaba sólo cuando se sentía terriblemente mal. Me tomo de las manos.
-¿Me perdonas? Jamás pensé que podría causar tantos problemas. Lo hice porque, cuando te negaste a intentar regresar, me sentí traicionado, pensé que no querías volver y...Traté de obligarte a ello, a que vinieras a buscarme. Comprendo que fue un acto egoísta y me arrepiento de ello. No tenía derecho a actuar como actué.
Y percibí aquel tono torturado que utilizaba sólo cuando se sentía terriblemente mal. Me tomo de las manos.
-¿Me perdonas? Jamás pensé que podría causar tantos problemas. Lo hice porque, cuando te negaste a intentar regresar, me sentí traicionado, pensé que no querías volver y...Traté de obligarte a ello, a que vinieras a buscarme. Comprendo que fue un acto egoísta y me arrepiento de ello. No tenía derecho a actuar como actué.
Negué
con fuerza y apreté sus manos con fuerzas entre las mías.
-Erian,
si no fuera por ti jamás hubiera regresado a Stellea. Tengo que darte las
gracias por darme un motivo de peso para regresar… Y con todo lo que has hecho
por mí durante este tiempo, hoy por hoy, te debo más de lo que tendría que
disculparte. Estabas perdonado antes de cometer el error.
Erianel
suspiró.
-Todo
podría haber sido mucho más sencillo de lo que ha sido.
-Claro
que podría. Pero no nos lamentemos aún. Esto puede tener un buen final si nos
damos prisa.
Le
solté con delicadeza y me dirigí a la puerta con un par de zancadas.
-Vayámonos
de aquí de una vez
Respiré
hondo y atravesé el umbral, esperando a que Erianel me siguiera.
Asomó
un segundo después, dejándome ver su rostro con total claridad por primera vez
desde hacía ya varios días. Sonrió a medias, con la vista fija en mí.
-¿Qué miras?
-No te
queda mal ese color de pelo.
-Parte del disfraz.-Me eché un vistazo a mí mismo, vestido con las ropas que, anteriormente, había visto llevar a mi doble.
-Parte del disfraz.-Me eché un vistazo a mí mismo, vestido con las ropas que, anteriormente, había visto llevar a mi doble.
Avancé
a lo largo del pasillo a paso ligero, seguido por el semielfo.
-Tienes
que explicarme cómo has conseguido un plan de rescate tan perfecto.-Susurró.
Giré a
la izquierda, seguido por él.
-Prometido.-Asentí.-En
cuanto estemos delante de un buen desayuno.
Bajé
el primer escalón de las escaleras que conducían a una planta inferior.
Recordaba poco desde la última vez que había estado en aquel siniestro Panteón,
pero lo suficiente como para orientarme hacia la salida que tenía planeado
utilizar. Aún así, tardaríamos un buen rato en llegar hasta ella.
Al
bajar el último escalón, me detuve a contemplar a un hombre de mediana edad,
canoso y con facciones duras y huesudas. Sujetaba una escoba sucia y
ennegrecida, con la que barría el suelo de piedra del pasillo. Me miró por
encima del hombro, con cautela, como una presa contempla a su cazador. Mis ojos
se cruzaron con los suyos, cosa que pareció pillarle por sorpresa y, acto
seguido, se inclinó con respeto y nerviosismo, para luego esfumarse por una
puerta chirriante y ruidosa, arrastrando la polvorienta escoba tras de sí.
-Pues
sí que te temen.-Observó Erianel, patidifuso.
-Bien
que hacen.
-Ese
Eclipse parece un ejemplar digno de respeto.
Aumenté
el ritmo y Erianel me siguió de cerca.
A
medida que los habitantes del castillo se cruzaban en nuestro camino, se
retiraban al intuir mi mirada sobre ellos, atemorizados. Me sorprendió sentir
que aquello me gustaba, y me reprendí a mí mismo interiormente. Siempre había
sabido que el poder era seductor, pero al experimentarlo después de tanto
tiempo, parecía aún más hechizante y empalagoso.
-¿Falta
demasiado para que salgamos de aquí?-Susurró unos minutos más tarde, mientras
bajábamos por una escalera.
-No,
no demasiado.-Le respondí, también impaciente.-Escaparemos por las cloacas. Es
la única forma de que nos reunamos con los demás sin que sean vistos. Si lo
hacemos por la puerta principal resultará demasiado sospechoso.
Guardó
silencio, pensativo. Volví a mirarle, pero esta vez no se percató, sumergido en
sus propias cavilaciones.
Continuamos
el resto del trayecto en absoluto silencio. Personalmente, esperaba algunos
contratiempos más que aquellos a los que había tenido que enfrentarme: Ninguno.
Parecía que la suerte se había puesto por fin de mi lado y que, en menos de un
par de minutos, estaríamos fuera de allí.
Abrí
con brusquedad la puerta que conducía a las cloacas, tras asegurarme de que
nadie nos miraba. Erianel entró primero por petición mía, después volví a
cerrar con la misma rudeza que abrí. Aquel paraje, a diferencia del resto del
castillo, no estaba iluminado en absoluto, por lo que, colocando la palma de la
mano derecha hacia arriba y apartándola de mi rostro lo necesario, hice brotar
una llamarada de ella, que, mágicamente, iluminó el camino con su fulgor
purpúreo.
-Queda
poco.-Le alenté.
Erianel
asintió, optimista.
-Tenía
ganas de verte usar de nuevo la magia.-Comentó.
El
pasadizo, cuesta abajo, era estrecho y húmedo. Podía respirarse un aroma
mefítico y desagradable, que hubiera sido de mayor intensidad de no encontrarse
allí mi llamarada, apartando las sombras y quemando el aire contaminado por los
residuos.
La
estancia se ensanchó considerablemente al finalizar la cuesta abajo, y podía
oírse el sonido de las olas chocar contra las rocas. También el olor había
cambiado, tomando ahora un matiz a sal y yodo. El panteón de la bruma estaba
construido sobre un gigantesco risco, rodeado de agua salada. A menos de un
kilómetro al norte, se hallaba el inmenso mar. Aquellos fosos conectaban
directamente con el exterior. Lo que pretendía era encontrar una forma de salir
del panteón mientras la marea estuviera baja. Allá afuera, cerca de las rocas
costeras, me esperaban los demás, listos para escapar de las tierras del norte.
Avancé despacio, ya cantando victoria. Tenía por fin a Erianel a mi lado y la
salida improvisada estaba a pocos metros. Nada podía fallar ya, o al menos era
poco probable. Había que tener mucha mala suerte para que los imprevistos se
presentaran ya a pocos pasos del final de mi plan.
-Es
ahí.-Señalé a un enorme hueco en el suelo de piedra, por el cual ascendía el
sonido de las olas.
-¿La
caída es muy larga?-Se preguntó Erianel, asomando al borde.
-Si te
partes algo siempre puedes sanarte con algún hechizo.-Bromeé.
Erianel
sonrió a medias nuevamente.
-Habré
perdido práctica con eso. Estoy seguro.
Me
asomé al borde, colocándome a su lado. Abajo no podía verse más que arena
húmeda.
Exhalé aire, despacio, y le dediqué una sonrisa escueta, girándome hacia él, que me devolvió el gesto, con un asentimiento.
Exhalé aire, despacio, y le dediqué una sonrisa escueta, girándome hacia él, que me devolvió el gesto, con un asentimiento.
-Saltemos.-Enarcó
una ceja y frunció los labios, pensativo.
-Es
una buena caída.-Comenté.
-No
tendrás ningún problema.-Contestó él, sonriéndome.
La
llama que emergía de mi mano derecha desapareció, dando paso a la oscuridad.
Me
disponía ya a saltar, cuando, repentinamente, una sensación extraña me invadió.
Sentí una presencia a poca distancia de mi espalda, por lo que me giré
rápidamente, alerta. Me disponía a acabar con mi presa lanzando un hechizo
ofensivo contra ella.
-¡Espera!-Me
paró Erianel, interponiendo su brazo en mi camino.-Es Fio.
-¿Fio?-Le
miré con el ceño fruncido.- ¿Qué estás diciendo?
No
respondió, en su lugar, lo hizo la voz de mi hermana.
-Cuanto
tiempo, Eerie.
-¡Fio!-La
llamé, con ingenuidad y una sonrisa.- ¡Estás viva!
Traté
de avanzar, pero Erianel me lo impidió.
-No es
la misma Fio que conocimos.-Explicó.-No te separes de mí.
Mi
rostro se contrajo, presa de la incredulidad. Volví a iluminarlo todo con fuego
para ver el rostro de mi hermana.
-Eclipse
debió hacerte beber su sangre tal y como le indiqué. Ahora ya no hay
remedio.-Se dirigió a Erianel, atravesándole con sus ojos azul eléctrico.-Te ha
perdido de una forma bastante estúpida.
Mi expresión pasó de incredulidad a incomprensión.
Mi expresión pasó de incredulidad a incomprensión.
-Fio,
¿qué tienes que ver tú con ese vampiro? ¿Y qué interés tiene él en Erianel?
Tardó
varios segundos en responder, segundos en los cuales, adiviné cual era el
motivo por el que irradiaba aquel aura de frialdad, y por qué Erianel insistía
tanto en mantener las distancias con ella.
-Estoy
a sus órdenes.-Afirmó. Pero había algo más en esa afirmación.-. En cuanto al
elfo, ni yo sé cual es el motivo que despierta tal fascinación en él. Tampoco
es que sea para tanto.
Me dio la impresión de que estuviese celosa.
Me dio la impresión de que estuviese celosa.
-Te ha
hecho beber de su sangre.-Comprendí, susurrando para mí mismo. Pero al parecer,
me oyó.
-¿Y
qué si lo hizo?-Rugió.
-¿Qué
quiere decir eso?-Interrogó Erianel.
-Cuando
bebes de la sangre de un vampiro, te sometes a su voluntad por completo, como
por obra de un hechizo.-Le expliqué. Lo llaman lazo de sangre. Malditas
sanguijuelas…
-Muestra
más respeto.-Me instó Fio, atravesándome con su mirada de hierro.-No perdonaré
que le insultes de nuevo.
-Tranquila,
Fio. Volveré para liberarte del hechizo.-Le prometí.
-Métete
en tus asuntos si quieres seguir con vida, Eerie. Es un consejo.
-¿Por
qué estás aquí, Fio?-La interrogó Erianel.- ¿Has venido para luchar?
Por un
momento, temí que la chica asintiera y tuviera que enfrentarme a mi propia
hermana, cosa que terminaría de destrozar mi moral aquel día, pero por suerte,
no fue el caso.
-No
soy tan necia como para robarle vuestra sangre a Eclipse, que tanto la desea. No
me arriesgaré a decepcionarle poniéndoos una mano encima. Si he venido es para
advertirte, Eerie, de que haré todo lo que sea para ayudarle a acabar contigo y
finalizar así el sufrimiento que le provocas.
-La
que habla no es mi hermana. Así que cállate seas quien seas. Me pones
enfermo.-La atravesé con la mirada, alterado.
-La
ayudaremos.-Me susurró Erianel.-Pero ahora debemos irnos, ¿recuerdas? Eclipse
volverá.
Asentí dirigiendo una mirada a Erianel.
Después volví a mirar a mi hermana y suspiré.
Asentí dirigiendo una mirada a Erianel.
Después volví a mirar a mi hermana y suspiré.
-Perdóname,
Fio. Por haber tardado tanto en regresar.
Su
figura desapareció. Me detuve un instante a contemplar las sombras en las que
mi hermana acababa de diluirse.
Me
contuve para no gritar su nombre y correr a buscarla por el castillo. Pero,
antes de saltar, me prometí a mí mismo que la libraría del hechizo al que la
había sometido mi gemelo vampírico, costara lo que costara.
Caminamos
juntos por la arena. Ya a pocos metros podía ver a Alfa e Isseon, junto a los
gemelos Rhysttas, que habían formado un círculo perfecto, dejando un par de
huecos, que sabía que deberíamos ocupar Erianel y yo según el plan. Corrí junto
al semielfo, atravesando la arena, tratando de no pensar en nada, de aislar
todas las emociones en un rincón remoto de mi mente, donde no pudieran afectarme.
-¡Eerie!-Sonrió
Annette, al verme llegar.
Repasé
a todos con la mirada. Parecían llenos de júbilo por ver el éxito de mi plan.
-Más
tarde haré las presentaciones. Ahora vamos a salir de este infierno.-Sugerí.
Mientras
hablaba, el disfraz que me había proporcionado el zorro con su magia
ilusionista, se esfumó. Y sonreí al animal, dándole las gracias con inclinación
de cabeza.
-¿Cómo
vamos a hacerlo?-Quiso saber Erianel.
Alfa
fue bastante breve con la explicación.
-Traje
un orbe hechizado.-Señaló al centro del círculo que formábamos los presentes,
donde reposaba una piedra color caoba engarzada en oro.-Nos devolverá a
Kaelpolis enseguida.
-Cuando
queráis.-Insté, impaciente por alejarme de aquel lugar.
Eché
un vistazo al panteón, que se hallaba a mi espalda, alzándose cual funesta
sombra sobre el mar.
Sabía que tendría que volver algún día, aunque no me gustase la idea.
Sabía que tendría que volver algún día, aunque no me gustase la idea.
Cuando
la luz del orbe se disipó, la claridad proyectada por una gigantesca luna llena
contrajo mis pupilas y el olor a incienso invadió mis fosas nasales. En
cualquier otra situación me hubiera quejado por aquel aroma empalagoso, en
aquella lo agradecí, puesto que anunciaba lo que sería un buen descanso después
de tanto alboroto.
Contemplé
las colosales escaleras de piedra blanca del templo, sobre las cuales, Jules
nos esperaba, con su mirada extraviada. El viento nocturno jugaba con sus
cabellos de oro que, majestuosos, bailaban junto con las telas de su toga. Alfa
recogió el orbe y, seguida de cerca por Isseon, comenzó el ascenso camino de la
mujer.
-Qué
dama tan hermosa.-Observó Kelryn.
Erianel
asintió.
-Parece
una Diosa.-Corroboró Annette.
Sin
mediar palabra, subí el primer escalón de piedra. Me di cuenta de que estaba
más cansado de lo que creía en cuanto mis gemelos volvieron a quejarse.
Definitivamente tomaría un descanso cuanto antes.
-Me
alegro de sentir nuevamente su presencia a mi lado, alteza.-Decía la
sacerdotisa en el momento en que, seguido por los gemelos y el semielfo, subía
el último trecho. Repentinamente, dibujó una sonrisa escueta en sus labios,
finos como un par de pétalos de flor.-Las ánimas le dan la bienvenida al templo,
Guerrero del eclipse, y también a tus valientes amigos.
Su
mirada perdida me hizo estremecer, pero enseguida respondí con entereza, tras
inclinarme en forma de reverencia.
-Saludo
a las ánimas y también a usted, Lady Jules. Estos son los Annette y Kelryn,
hijos del conde Rhysttas. Y ya conoces a Erianel el semielfo.
Asintió
la ciega con calma, para luego girarse hacia el templo de las ánimas y avanzar
por el camino de baldosas blancas. La seguimos en silencio, aunque advertí la
curiosidad en el rostro de Annette, sedienta de preguntas, y la extrañeza en el
semblante de Kelryn, confundido por la peculiaridad de la mujer. Erianel, al
igual que yo, ya estaba acostumbrado a las rarezas de Jules, por lo que su
expresión fue de tranquilidad mientras avanzaba hacia la capilla. Justo ante
los portones, la sacerdotisa se detuvo y giró hacia nosotros, con la mirada
perdida en el cielo.
-Percibo
vuestro cansancio.-Dijo.
Asentí,
aún a sabiendas de que no vería el gesto.
-Ha
sido un viaje duro. Si no fuera por su alteza quizá Erianel seguiría preso en
el panteón y tanto los mellizos como yo hubiéramos sido la cena de una manada
de lobos hambrientos.
-¡No
me llames alteza!-Me regañó Alfa.-Trátame como a una más, por favor.
-Está
bien.-Acepté.-Sólo trataba de ser educado.
Jules
sonrió con su característica delicadeza, antes de dar su veredicto.
-Alteza,
regresará de inmediato a palacio y descansará durante veinticuatro horas,
después obtendrá su veredicto.-La princesa asintió y yo la miré con suspicacia.
Tenía curiosidad por saber de qué hablaba la sacerdotisa.-A los recién
llegados, se os ofrecerá alimento y cobijo durante el tiempo que sea necesario,
mientras las ánimas lo permitan.
-Muchísimas
gracias.-Agradeció Erianel, con una inclinación de cabeza.
Jules
asintió.
-Yo
debo retirarme. No es bueno hacerlas esperar. Isseon os mostrará el camino a
las habitaciones. Que Lumina esté con vosotros, valientes guerreros.
La mujer
se adentró en el templo, ante nuestra atenta mirada. Cuando hubo quedado fuera
de nuestra vista, Alfa sonrió complacida.
En
todo caso, Alfa ¿Qué es eso tan importante que Jules tiene que decirte?
-Mañana
lo sabréis.
La
miré con ceño, curioso.
-Hasta
mañana entonces.
Sonrió
y acarició el lomo de Isseon, quien la atravesó con sus ojos zafiro.
-Adiós a ti también Isseon.
-Adiós a ti también Isseon.
-Alfa.-Annette
dirigió la mirada al zorro blanco.-Pensaba que Isseon era tuyo.
-No
deberías hablar de Ísseon como de una mascota.
Annette frunció el ceño, sin comprender.
Annette frunció el ceño, sin comprender.
-Lo
siento.
Se
arrodilló junto a Isseon y acarició la parte inferior de su mandíbula. En
respuesta, el zorro comenzó a agitar la cola con parsimonia.
-Isseon
es un centurión.
Miré
los enormes ojos azules del animal. Ahora todo cobraba sentido.
-He
leído sobre las criaturas llamadas centuriones. Dicen que son seres con un gran
poder otorgado por las ánimas que protegen los templos con su vida.-Explicó
Annette, para que Kelryn lo comprendiese.
-Ahora
tengo que irme, pero nos veremos mañana al amanecer.-Se despidió Alfa.-Ha sido
un placer conoceros a todos.
Hizo
una reverencia y se alejó a zancadas, camino de las escaleras.
-¿No
es un poco peculiar?-Se preguntó Kelryn.
-Hay
algo en ella que me llama la atención.-Erianel se rascó el mentón, pensativo.
Le
miré con curiosidad, y Annette y Kelryn me imitaron.
-Actúa
en contra de su instinto. Se esfuerza por reprimir algunos impulsos.
Enarqué
una ceja, divertido.
-Deja
la telepatía en paz, es de mala educación.
Él
pestañeó y negó efusivamente.
-Te
prometo que no lo hice a propósito.
Solté
una risotada.
-¡Siempre
dices lo mismo! Ya no te creo
Annette
y Kelryn se miraron entre sí. Luego Annette hizo la pregunta ya esperada.
-¿Telepatía?
Erianel
asintió con una sonrisa.
-Erian
puede leer la mente.-Expliqué.-Los elfos tienen facilidad para ello.
Annette
estaba boquiabierta, mientras que su hermano fruncía los labios, algo irritado.
-Entonces
puedes saber todo lo que pienso.-Comprendió Kelryn.- ¿Todo todo?
Erianel
asintió y Kelryn le miró con cierta agresividad, aunque cualquiera se hubiera
dado cuenta de que realmente no haría daño a una mosca.
-Ahora
que caigo, no os he presentado como es debido. Verás, Erianel: Estos son
Annette y Kelryn Rhysttas, de la ciudadela de Nyithia. A ellos ya les he
hablado un poco de ti, así que...
Erianel
sonrió escuetamente y tendió la mano hacia Kelryn, quien la examinó
cuidadosamente antes de envolverla con la suya.
-Encantado
de conoceros.-Dijo el semielfo.
-Igualmente.-Le
contestó Annette, inclinando la cabeza.
Miré al zorro, que observaba la escena en calma, agitando su cola blanca de un lado a otro, siguiendo un ritmo constante y tranquilizador.
Miré al zorro, que observaba la escena en calma, agitando su cola blanca de un lado a otro, siguiendo un ritmo constante y tranquilizador.
-Isseon,
disculpa la espera ¿serías tan amable de guiarnos a nuestros aposentos?
Antes de
irnos a dormir aquella noche visitamos los baños termales del templo, para
librarnos del sudor, el barro y el estrés.
De haber sido de día hubiera puesto pegas a la hora de meterme desnudo en el agua cristalina con Erianel y Kelryn cerca, pero las sombras hacían que fuese mucho menos incómodo.
-¿Qué haréis Annette y tú?-Le pregunté a Kelryn, durante el baño.-Ahora que ya sabemos las intenciones de Eclipse podríais volver a casa. No os molestará.
De haber sido de día hubiera puesto pegas a la hora de meterme desnudo en el agua cristalina con Erianel y Kelryn cerca, pero las sombras hacían que fuese mucho menos incómodo.
-¿Qué haréis Annette y tú?-Le pregunté a Kelryn, durante el baño.-Ahora que ya sabemos las intenciones de Eclipse podríais volver a casa. No os molestará.
Kelryn
se encogió de hombros.
-Supongo
que volveremos. No tenemos nada que hacer aquí.
Asentí,
conforme.
-Si
volvéis me gustaría acompañaros en el viaje.-Le dije.-Quizá su alteza, el
príncipe Iwan, tenga información que me interesa.
-Y
seguro que mi padre querrá darte las gracias.-Sonrió.-Estará realmente preocupado
después de todo esto.
Suspiré.
-Siento
todo el alboroto en el que os he involucrado. Debí marcharme en cuanto desperté
y así hubiera evitado...
-No.-Me
interrumpió.-Si no hubiera sido porque te alimentamos adecuadamente y explicado
tu situación, Eclipse te hubiera matado y jamás hubieras rescatado a
Erianel.-Miró al semielfo de soslayo.-Sólo actuamos como nos dijo la ética,
nada más.
-Tienes
razón. Os debo la vida.-Le dije.
-Yo
también debo daros las gracias.-Erianel rompió su silencio.-Todo esto ha sido
por mi culpa y habéis cuidado muy bien de Eerie en mi lugar.
El
semielfo agachó la cabeza y me miró por el rabillo del ojo con expresión torturada.
Le sonreí escuetamente.
-Te dije que no te culpaba de nada.
-Te dije que no te culpaba de nada.
Tenía
a Erianel a pocos centímetros a mi izquierda, tomando un baño de lo más
relajante, como si nada hubiera ocurrido en los últimos días. Me daba igual
quién tuviese la culpa.
-¿De
veras perdiste la memoria?-Me preguntó Kelryn un poco después, cogiéndome de
improviso.
Vi
como Erianel pestañeaba, interesado por el nuevo tema de conversación.
-No.-Admití.-Es...Algo
complicado.
El
muchacho frunció el ceño.
-Vamos,
cuéntame. Mi hermana también querrá saberlo tarde o temprano y quiero tener el
placer de ser yo quien se lo diga.
Elevó
las cejas pícaramente y sonrió mostrando su blanca dentadura.
-Así
que buscando información de la que fardar.-Le mostré una mueca perspicaz.
Asintió
con efusividad.
-Lo
único que te diré es que he permanecido dos años en el exilio y por eso no
tenía ni idea de lo ocurrido con Lloelm y Nyithia.
-Tampoco
yo sé nada.-Erianel me miró con curiosidad y pestañeó.
Le
expliqué lo ocurrido con el Rey de Lloelm, el problema con su misteriosa
esposa, Eterna, y como había tratado de asesinar al príncipe Iwan, haciendo
estallar así la guerra civil.
-Después.-Continué
con el relato.-Los rebeldes se marcharon de Lloelm y se asentaron en Nyithia,
que fue reconstruida con la magia de una poderosa bruja.
Erianel
volvió a pestañear.
-¿Existe
alguien tan poderoso como para reconstruir una ciudad entera con magia?
-Tú la
conoces.-Afirmé.
Enarcó
ambas cejas, pensativo, mientras Kelryn nos miraba con extrañeza
-La
única bruja a la que conozco es Mina y ella...
-Y no
sabemos su paradero.-Le interrumpí.-Pero no está muerta, Erian. Estoy
completamente seguro de que fue mi hermana quien reconstruyó Nyithia. No puede
ser de otra forma.
Erianel
asintió.
-Tiene
mucho sentido.
-¿Es
tu hermana? Eso explica por qué era tan poderosa.
Sonreí
abiertamente antes de cerrar los ojos y relajarme. Exhalé aire despacio y volví
a soltarlo, sintiendo como, por fin, todos mis músculos se destensaban. Por un
momento conseguí olvidarme de dónde estaba, de todo lo que había ocurrido y
todas las respuestas que debía encontrar. ¿De dónde había salido mi doble
vampírico? ¿Con qué motivo se había llevado a Erianel? ¿Cómo iba a liberar a Fio
de su hechizo? ¿Era Eclipse realmente un enemigo más? Y si lo era, ¿Sabrían a
estas alturas el resto de mis refractarios que yo había regresado? ¿Dónde estaba
Mina?
Algún tipo de catástrofe tendría lugar en menos de tres semanas ¿Hasta qué punto era trascendental? ¿Qué podía hacer para evitarlo?
Algún tipo de catástrofe tendría lugar en menos de tres semanas ¿Hasta qué punto era trascendental? ¿Qué podía hacer para evitarlo?
Mi
mente comenzó a desvariar, viajando de un pensamiento a otro sin ton ni son,
emponzoñada por el cansancio.
-Eerie.-Me
llamó Erianel, imprevistamente más cerca.
Sentí
su mano sobre la mía y abrí los ojos casi con sobresalto.
-Erian.-Le
sonreí. Él me devolvió la sonrisa y señaló a Kelryn con la cabeza.
El
joven había sucumbido al sueño antes que yo y permanecía con la boca cómicamente
abierta de par en par.
-No me
parecía adecuado despertarle.-Se explicó.-Será mejor que lo hagas tú.
-Déjale
descansar un poco.-Sugerí.-Había algo de lo que querías hablar conmigo ¿No es
así?
Erianel
asintió, mucho más sereno al momento.
-Es
sobre Eclipse y mi estancia en el Panteón.-Le miré con curiosidad, instándole a
continuar.-Creo que Eclipse me raptó por iniciativa propia, sin consultar con
el resto de sus compañeros, y que ni siquiera sabía quién era yo.
El
semielfo se detuvo y apartó un mechón de su flequillo mojado, colocándolo tras
una de sus puntiagudas orejas. Yo asentí, pensativo.
-Es
extraña la forma en que Eclipse consiguió hallarme en el pantano, como si
pudiera encontrarme allá donde fuera… ¿Quizá fue de esa forma como dio contigo?
-No lo
sé. Eclipse me tendió una trampa haciéndose pasar por ti para llevarme al
Panteón. Pensé que iban a torturarme y a sacarme información acerca de tu
paradero, pero todos actuaban como si yo no tuviera importancia alguna, como si
estuviera allí por puro capricho de Eclipse...Sólo Fio preguntó por ti. Estaba
furiosa, pero me parece que, en realidad tenía miedo, miedo por algo o alguien.
Quizá sólo quería evitar que hicieras daño a Eclipse.
Contemplé
el semblante de Erianel, que se esforzaba por comprender la situación en su
profundidad.
-Relájate,
Erian.
Estiré
la mano, dudoso, dirigiéndola hacia su cabello. El chico suspiró, abatido. No
obstante, cuando sintió mis dedos entre los mechones de su pelo me sonrió y
después cerró los ojos, relajado.
Estaba
tan cansado que no soñé nada durante las aproximadamente seis horas que dormí,
y cuando desperté, el sol del mediodía penetraba a través de las cortinas
cerradas. Un olor agradable inundaba mis fosas nasales, y busqué su origen,
adormilado.
-Buenos
días, Eerie.-Me saludó Erianel.
Era él
quien olía tan bien.
-Buenos días.-Le sonreí. Sorprendido por encontrarle en mi cama.
Su cuerpo descansaba a pocos centímetros del mío, y sus ojos estaban fijos en mí.
-Buenos días.-Le sonreí. Sorprendido por encontrarle en mi cama.
Su cuerpo descansaba a pocos centímetros del mío, y sus ojos estaban fijos en mí.
Correspondió
a mi sonrisa con una suya y besó mi frente. Me ruboricé de inmediato y busqué a
Annette y Kelryn, temeroso de que estuvieran siendo espectadores, pero ni él ni
ella estaban allí.
-¿Dónde...?-Inquirí.
-Hace
rato que se fueron.
-Deberías
haberme despertado, o al menos haber ido con ellos.
Negó,
mirándome con ternura.
-Me
gusta verte dormir. Además, quería quedarme un rato a solas contigo.
El
corazón me dio un vuelco, y mi respiración se aceleró.
-Pues
ya estamos solos.-Le sonreí.
Él
asintió.
-¿Y
bien?-Inquirí, con cierta impaciencia.
-¿Qué?-Se
encogió de hombros.
-Ibas
a decir algo, pero te has arrepentido en el último momento.
Erianel
se levantó repentinamente y me tendió una mano. Parecía que quería evadir el
tema.
-Tengo hambre ¿Tú no?
-Tengo hambre ¿Tú no?
Enarqué
una ceja a la par que aceptaba su ayuda para levantarme.
-Me
comería una vaca.
-Entonces vístete. Te espero fuera.
-Entonces vístete. Te espero fuera.
El
sonido de sus pasos era el único que rompía el silencio sepulcral del panteón.
Poco tardó la rubia en cruzar el pasillo y llamar a la puerta de madera,
golpeándola con suavidad.
-He
dicho que no quiero ver a nadie.-Rugió una voz furiosa, al otro lado.
La
chica suspiró.
-No
puedes encerrarte ahí de por vida.
-Claro
que puedo, Ruby. No estoy vivo, así que márchate o me encargaré de que tú
tampoco.
Ruby
masculló una palabrota y, al cabo de unos segundos, insistió.
-Voy a
entrar.-Amenazó.
-No,
no lo harás.
Puso
los ojos en blanco.
-Entonces
me quedaré justo aquí hasta que decidas salir.
Acto
seguido, apoyó su espalda contra la pared de piedra. Al cabo de pocos segundos,
un rugido emergió del interior de la habitación y la puerta se abrió despacio y
silenciosamente.
-Entra.-La
invitó la voz de Eclipse.
-Con
permiso.
Una
sonrisa de victoria se dibujó en los labios de la dama antes de cruzar el
umbral y cerrar tras de sí.
La
oscuridad cubría todo y las cortinas estaban completamente cerradas Aquella era
una de las pocas ocasiones en que el sol conseguía salir de entre las nubes del
pantano. Ruby buscó a ciegas la cama y, cuando la encontró, tomó asiento al
borde, intuyendo, por el frío que transmitía su presencia, que Eclipse se encontraría
tumbado sobre ella.
-¿Por
qué no enciendes alguna vela? Esto es realmente molesto.
-Soy
un vampiro, no me gusta la luz.-Le espetó.
Ruby
se encogió de hombros.
En realidad, las quemaduras provocadas por la luz irradiada de Isseon en la reciente batalla, habían dejado huella en la piel, ahora repleta de quemaduras, del vampiro. No quería dejar que la chica viera sus heridas. Eso sería demasiado embarazoso y destruiría su reputación de guerrero imparable, la cual quería conservar a costa de todo.
En realidad, las quemaduras provocadas por la luz irradiada de Isseon en la reciente batalla, habían dejado huella en la piel, ahora repleta de quemaduras, del vampiro. No quería dejar que la chica viera sus heridas. Eso sería demasiado embarazoso y destruiría su reputación de guerrero imparable, la cual quería conservar a costa de todo.
-¿Sabes?
Lady Shira parece estar muy molesta contigo. Sea cual sea el motivo por el que
trajiste aquí al elfo, nos afecta a todos. Ahora que ha escapado puede revelar
nuestra posición.-Dijo Ruby.-Si Lady Shira le encuentra le matará.
-No le
encontrará.-Respondió el vampiro. Un sonido ronco emergió de su garganta, similar
al de un tigre al rugir.-¿Y qué más da si nos encuentra?
Ruby
enarcó una ceja en mitad de la oscuridad.
-Podrían
exterminaros como si se tratara de una ratonera.
-No lo
harán.-Replicó.
Ruby
resopló.
-¿Cómo
estás tan seguro?
-No
les voy a dejar tiempo suficiente para delatarnos.
Su
interlocutora sonrió con satisfacción.
-Tal y
como pensaba. Tienes planeado convertirlo en tu siervo, al igual que a Fio.
-Sí.
Eso mismo acabo de decir.
-Te
ayudaré a capturarle.-Se ofreció.
-¿Crees
que a Eternia le hará gracia que hagas algo sin consultarla? Además, no puedo
arriesgarme a que alguno de sus espectros metomentodo te siga. Si tu hermana
llega a saber de la posición de Erianel de alguna forma, no dudará enviar
alguno de sus siervos a por él, y no estoy dispuesto a perderle.
-¡Nadie
va a seguirme! Mi hermana no tiene por qué enterarse-Se enfurruñó.-Y está claro
que no conseguirás atraparle tú sólo de nuevo. Tendría que ser muy necio, y al
escapar de aquí ha demostrado que no lo es.
De
nuevo, Eclipse emitió un rugido
-Estoy
seguro de que no escapó sólo. Ellos le ayudaron. Se dirigían hacia aquí...No
puede ser una coincidencia.
Ruby
frunció el ceño.
-¿De
qué estás hablando?
-Te lo
contaré todo, Ruby. Pero, a cambio de satisfacer tu curiosidad, me ayudarás en
todo lo que te pida, sin rechistar ni hacer preguntas.
-Depende
de qué me cuentes.
Eclipse esbozó una sonrisa que nadie pudo ver entre las sombras.
Eclipse esbozó una sonrisa que nadie pudo ver entre las sombras.
-Te va
a gustar. Pero la reina no debe enterarse.
Ruby resopló.
-Ya te he dicho que no le diré nada a mi hermana.
-Entonces
será mejor que tomes nota.
Ruby resopló.
-Ya te he dicho que no le diré nada a mi hermana.